Un paseo por la mañana

El aire es fresco y aún no es del todo de día. Ya se escuchan los pájaros.Huele a tierra mojada. Dejo el café en la mesa y comienzo a pasear. Todavía quedan algunas gotas de rocío en las hojas de las plantas. Las pocas tomateras que quedan siguen oliendo a dulzón. Ya han comenzado a brotar los guisantes y dentro de poco darán su flor violeta. Las abejas vuelan entre las amarillas flores de las aguaturmas. Hay algunos fresones listos para recoger. El verde de las lechugas contrasta con la oscura tierra y las pequeñas hojas de las espinacas crecen enhiestas. Doy otra vuelta por el huerto y me llama el olor intenso de los tagetes naranjas. La acelga está cargada de semillas listas para guardar para el año que viene. Comienzan a surgir las primeras caléndulas y capuchinas, cercanas al mar de rabanillos que planté hace dos semanas. Cojo un poco de salvia para la pasta del almuerzo y algunos pimientos. Vuelvo a la mesa donde dejé el café. Desde aquí repienso tranquilamente el paseo por el huerto e imagino lo verde que se pondrá este otoño lleno de hortalizas.

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